BEAGLE

LA NAVE DE CHARLES DARWIN

El 27 de diciembre de 1831, el Beagle zarpaba de Plymouth, en viaje de exploración,

hacia el Atlántico Sur y Pacífico. Embarcado como naturista, iba un joven de veintidós años llamado Charles Darwin. El Beagle lo acogió a bordo y atravesó sin ninguna aventura especial el Atlántico, llegando a las costas brasileñas. Aquí, precisamente, el joven naturalista hizo toda una serie de observaciones que le llevaron a reflexionar sobre la vieja teoría acerca de la invariabilidad de las especies, que más tarde le indujeron a enunciar sus principios sobre la supervivencia y la evolución. El Beagle continuó su viaje, tocó la Patagonia, donde Darwin descubrió restos fósiles de grandes animales antediluvianos. Una tempestad que duró veinticuatro días acompañó al intrépido barco alrededor del cabo de Hornos; después, la navegación transcurrió tranquila a lo largo de toda la costa chilena hasta el archipiélago de los Galápagos, descubierto en 1535 por Tomás de Berlanga. El viaje continuó: Tahití, Nueva Zelanda, cabo de Buena Esperanza, y finalmente Inglaterra, donde el sólido bergantín echó anclas el 2 de octubre de 1836. Fue un buen viaje, y el barco demostró su gran eficacia: navegó cinco años seguidos sin una avería, sin un accidente, y regresó absolutamente toda la tripulación, sin haber padecido nada por larga permanencia en el mar. En 1859, Darwin publicó, fruto de este viaje, El origen de las especies, uno de los hitos fundamentales de la ciencia moderna.